22 octubre 2007

Judy Budnitz

Cisterna
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(fragmento final)
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Al cabo de unos días mi padre telefoneó, su voz sonaba tensa.
Tu madre ha hablado hoy con la clínica donde le hicieron la mamografía, dijo, pero no quiere decirme nada. Lleva todo el día en su cuarto, llorando. Ha estado una hora al teléfono hablando con tu hermana. Supongo que los médicos han encontrado algo, pero ya te avisaré cuando sepamos algo seguro.
Vale.
Colgué y telefonée a Mich.
Hola, dijo. Me dio la impresión de que casi se atraganta con uno de sus bolis.
Mich, dije, es tuyo ¿verdad?
Suspiró y dijo:
Es ridículo, pero pensé que le estaba haciendo un favor, pensé que le ahorraba un montón de preocupaciones.
Entraste en su lugar ¿verdad?
¿Sabes? Está más preocupada que si fuera ella la que tiene un bulto en el pecho. Siente como si fuera su bulto, como si estuviera reservado para ella y me lo hubiera pasado de algún modo.
Eso es una tontería, dije. Sentí que hablaba conmigo misma.
Aunque, ¿sabes qué?, si fuera posible, lo haría, dijo Mich. Quiero decir que si hubiera alguna forma mágica de sacarle un bulto del pecho y ponérmelo yo, lo haría sin dudar.
Ojalá pudiera hacerlo yo por ti.
Sí, podríamos compartirlo entre todas.
Un postre y tres tenedores.
Y más tarde, mientras permanecía sentada a solas en el suelo de mi piso, empecé a perder la pista de dónde acababa yo y dónde empezaba la gente, y me acordé de mí, sentada en una sala blanca con el pecho aplastado entre las mandíbulas de una máquina zumbona, y palpé en busca del bulto que yo creía mío y a veces pensaba que era de mi madre e imaginé las mamografías como paisajes lunares. Luego ya no recordaba quien tenía el bulto, parecía que todas lo tuviéramos, era de mi madre, de mi hermana y mío, y luego volvió a sonar el teléfono y lo cogí y oí a mi padre llamarme como hacía a veces: Leah-Lisa-Mich.
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Breve resumen, por una vez: Mich y Lisa son hermanas y estudian lejos de casa. Se turnan cada año para ir a ver sus padres en la fiesta de Acción de Gracias. Su madre, Leah, no quiere hacerse la mamografía que le han ordenado los médicos y el primer año, la acompaña Lisa a la clínica. Leah, se las arregla para desaparecer y Lisa, cansada de oír cómo llaman a su madre, entra y se hace la mamografía como si ella fuera Leah. El año siguiente, es Mich quien cubre a su madre, con el resultado que refleja el final que os transcribo.
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Mi comentario: Nunca había oído hablar de Judy Budnitz. El relato, que es una preciosidad, está escrito en ese estilo tan propio de los norteamericanos que llegan después de Raymond Carver. En 17 páginas de letra pequeña, Judy Budnitz, te pasea por la vida de su familia, de las relaciones sentimentales de ella misma y de su hermana, por sus estudios, por sus decepciones y sus esperanzas y por todo lo que significa la comprensión del miedo y el amor necesario para hacerle frente. Y la desesperación de la madre que teme haber sido la causante del cáncer de su hija por haber permitido que ocupara su puesto en la sala de radiología. El título, un tanto extraño, tiene que ver con una maniobra de distracción que hace la madre en la clínica, asegurando que hay un pez rojo y enorme en la cisterna del lavabo de señoras.
El libro: Encontré el volumen que contiene este y otros cuentos muy interesantes por pura casualidad. Se titula "Lo mejor de McSweeney´s II", por lo que deduzco que debe haber un número I. Es, según la breve nota de contraportada, una recopilación de los mejores cuentos publicados en una revista "de culto" llamada Mc Sweeney, s. Tengo que decir que ha sido una sorpresa fantástica, porque se aleja un poco de los caminos trillados y aborda temas de todo tipo en sus cuentos y artículos, todos muy buenos y muy diversos; desde la ciencia ficción hasta las guerras del desierto americanas. Os dejo el único enlace que he encontrado a la revista de culto de referencia. En inglés y opción al italiano en la Wiki.
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5 comentarios:

FRAC dijo...

Parece un poco surrealista, bastante yanqui y de una frescura que te hace sonreír. Aunque me temo que su intención final sea darte una colleja.
Yo tampoco la conocía, y he "googleado" en busca de más información, y he leído "La reclamación".
Muy original, sí señora.

Imagine Photographers dijo...

Me ha gustado, estoy con frac, parece un poco realista pero le funciona muy bien para llevarnos a la realidad del terreno que nos desea mostrar.
Petons:),franki

Imagine Photographers dijo...

:))disculpa quise decir surrealista:))

Trenzas dijo...

Frac: Muy yanki, en efecto :)
He buscado yo también para encontrar "La Reclamación" y ahora está aquí, esperando el rato de tiempo libre para dejarse leer.
El estilo es que pusieron de moda Bukowski, Carver y otros, en sus cuentos cortos. Slice of Life, que ha quedado sin el of, para abreviar. Yo no sabía que tenía un nombre propio hasta que hice el cursillo. Allí, en las propuestas, me enteré de lo que significaba Slice-life. Se me encendió la bombilla de la comprensión :D
Ya leía hacia mucho a los autores americanos que escriben de ese modo, pero me faltaba el nombre para definirlos. Escenas de vida; es lo que son. No necesitan un final; una fotografía cuenta un instante de alguien y no nos dice que le pasó antes ni que le pasará después.
Como el Imaginismo en poesía, más o menos, sólo que de éste, dos generaciones más antiguo, había más información disponible.
Gracias por haber encontrado ese otro cuento. Lo voy a disfrutar.
Abraçades i petons, nena.

Trenzas dijo...

Imagine Frankie: Le sirve estupendamente. Y eso que sólo he tecleado algo más de una página. Luego de hacer el resumen, pensé que no era necesario apenas. Una página y cómo está contado, te pone ya en situación de comprender casi todo el proceso. Apta para un brevísimo de 1.000 palabras :)
Estamos acostumbrados a que los relatos tengan final, en el sentido tradicional de final, y en realidad, muchos no lo necesitan.
Toda la reflexiónn que hace la protagonista, Lisa, en el transcurso del relato acerca de la relación con su madre y hermana, se materializa con esa llamada de su padre en que pronuncia los nombres de las tres, aunque ya sabe que se dirige solo a una.
Me recordó a un tío mío, que cuando me telefonea, suele hacer lo mismo. No sé si es porque no recuerda a quién está llamanod y así sabe que no se equivocará :DDD
Una abraçada ben forta, Franki