24 noviembre 2008

Gabriel García Márquez

Escribir una novela es pegar ladrillos. Escribir un cuento es vaciar en concreto. No sé de quién es esa frase certera. La he escuchado y repetido desde hace tanto tiempo sin que nadie la reclame, que a lo mejor termino creyendo que es mía. Hay otra comparación que es pariente pobre de la anterior: el cuento es una flecha en el centro del blanco y la novela es cazar conejos. En todo caso esta pregunta del lector ofrece una buena ocasión para dar vueltas una vez más, como siempre, sobre las diferencias de dos géneros literarios distintos y sin embargo confundibles. Una razón de eso puede ser el despiste de atribuirle las diferencias a la longitud del texto, con distinciones de géneros entre cuento corto y cuento largo. La diferencia es válida entre un cuento y otro, pero no entre cuento y novela.
El cuento más corto que conozco es del guatemalteco Augusto Monterroso, reciente premio Príncipe de Asturias. Dice así: "Cuando despertó, el dinosaurio todavía estaba allí".
Nada más. Hay otro de Las mil y una noches, cuyo texto no tengo a la mano, y que me produce retortijones de envidia. Es el cuento de un pescador que le pide prestado un plomo para su red a la mujer de otro pescador, con la promesa de regalarle a cambio el primer pescado que saque, y cuando ella lo recibe y lo abre para freírlo le encuentra en el estómago un diamante del tamaño de una almendra.
Más que el cuento mismo, alucinante por su sencillez, éste me interesa ahora porque plantea otro de los misterios del género: si la que presta el plomo no fuera una mujer sino otro hombre, el cuento perdería su encanto: no existiría. ¿Por qué? ¡Quién sabe! Un misterio más de un género misterioso por excelencia.
[...]
La intensidad y la unidad interna son esenciales en un cuento y no tanto en la novela, que por fortuna tiene otros recursos para convencer. Por lo mismo, cuando uno acaba de leer un cuento puede imaginarse lo que se le ocurra del antes y el después, y todo eso seguirá siendo parte de la materia y la magia de lo que leyó. La novela, en cambio, debe llevar todo dentro. Podría decirse, sin tirar la toalla, que la diferencia en última instancia podría ser tan subjetiva como tantas bellezas de la vida real.
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El cuento parece ser el género natural de la humanidad por su incorporación espontánea a la vida cotidiana. Tal vez lo inventó sin saberlo el primer hombre de las cavernas que salió a cazar una tarde y no regresó hasta el día siguiente con la excusa de haber librado un combate a muerte con una fiera enloquecida por el hambre. En cambio, lo que hizo su mujer cuando se dio cuenta de que el heroísmo de su hombre no era más que un cuento chino pudo ser la primera y quizás la novela más larga del siglo de piedra.
[...]
Sobre la otra suposición de que el cuento puede ser un género de práctica para emprender una novela, confieso que lo hice y no me fue mal para aprender a escribir El otoño del patriarca. Tenía la mente atascada en la fórmula tradicional de Cien años de soledad, en la que había trabajado sin levantar cabeza durante dos años. Todo lo que trataba de escribir me salía igual y no lograba evolucionar para un libro distinto. Sin embargo, el mundo del dictador eterno, resuelto y escrito con el estilo juicioso de los libros anteriores, habrían sido no menos de dos mil páginas de rollos indigestos e inútiles. Así que decidí buscar a cualquier riesgo una prosa comprimida que me sacara de la trampa académica para invitar al lector a una aventura nueva.
Creí haber encontrado la solución a través de una serie de apuntes e ideas de cuentos aplazados, que sometí sin el menor pudor a toda clase de arbitrariedades formales hasta encontrar la que buscaba para el nuevo libro. Son cuentos experimentales que trabajé más de un año y se publicaron después con vida propia en el libro de La cándida Eréndira: "Blacamán el bueno vendedor de milagros", "El último viaje del buque fantasma", que es una sola frase sin más puntuación que las mínimas comas para respirar, y otros que no pasaron el examen y duermen el sueño de los justos en el cajón de la basura. Así encontré el embrión de El otoño..., que es una ensalada rusa de experimentos copiados de otros escritores malos o buenos del siglo pasado. Frases que habrían exigido decenas de páginas están resueltas en dos o tres para decir lo mismo, saltando matones, mediante la violación consciente de los códigos parsimoniosos y la gramática dictatorial de las academias.
El libro, de salida, fue un desastre comercial. Muchos lectores fieles de Cien años... se sintieron defraudados y pretendían que el librero les devolviera la plata. Para colmo de peras en el olmo la edición española se desbarataba en las manos por un defecto de fábrica, y un amigo me consoló con un buen chiste: "Leí el otoño hoja por hoja". Muchos persistieron en la lectura, otros la lograron a medias y con el tiempo quedaron suficientes cautivos para que no me diera pena seguir en el oficio. Hoy es mi libro más escudriñado en universidades de diversos países, y las nuevas generaciones pueden leerlo como si fuera el crepúsculo de un Tarzán de doscientos años. Si alguien protesta y lo tira por la ventana es porque no le gusta pero no porque no lo entienda. Y a veces, por fortuna, no ha faltado alguien que lo recoja del suelo.
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Comentario: Una lección con mucho humor. Para los locos por la literatura en la doble vertiente de leer y escribir, cualquier consejo es bienvenido y cuando esos consejos, basados en la mucha experiencia, vienen de manos de los maestros, doblemente bienvenidos. No necesita más comentarios ni el personaje ni lo que nos dice. Queda aprovecharnos de ellos, eso sí :)

10 comentarios:

Mar dijo...

Lo había leído, o mejor, escuchado en una entrevista.
Me parece maravilloso que lo reproduzcas y lo compartas.
Ha sido un placer magnánimo.

Amo a mi creador exquisito de Macondo y la historia de Don Aureliano Buendía, a rabiar.

Un carro de besos!

Trenzas dijo...

Mar: No es fácil que se olviden personajes con la garra de los Buendía. Hasta a su autor le costó desligarse de ellos :D
Siempre que encuentro consejos de los maestros los traigo, porque ellos son los poseedores de las plumas, o bolígrafos o lapiceros, mágicos. Y la magia viene muy bien cuando nos ponemos ante la hoja en blanco.
Te buscaré de requetenuevo, que no hay quien puedo contigo y tus desapariciones. ¿Magia también...?
:DD
Un abarzo enorme, preciosa mujer.

Mar dijo...

Pero si no me he movido mujer!!!!!
(Sólo tengo en pausa uno), ten piedad!!!!! Es la época laboral más compleja para mi en la UNI.

Ya pasa, ya pasa........nada más terminar diciembre.

Pero no te pierdo rastro, aunque tarde en llegar.
Ni lo dudes!

De nuevo, un placer leerlo!
:)

Trenzas dijo...

Mar: Tú no te habrás movido, pero fui abuscarte a Letraderiva y no estabas :(
No, ahora ya no me apura mucho porque como te tengo todos enlazados...
:)
La semana que viene, Khaled, de nuevo.
Un beso enorme, mujer :)

Imagine Photographers dijo...

Bueno..., leerte siempre me ilustra un poco y BBbbrrfff....me obligas a leer por culpa de tus magníficos post :).
Molts petons, Franki

Trenzas dijo...

Imagine Franki: :)
No, hombre. No todo es lectura en la vida. Por ejemplo; si yo supiera o pudiera hacer tan buenas fotos como tú, me pasaría el día en la calle buscando motivos inspiradores para disparar la cámara. Lo bueno es tener algo más que preocupaciones materiales; tener inqietudes. Con eso ya vale y cada loco con su tema, como suele decirse.
:)
Moltes abraçades i petonets, Franki.

Pepa dijo...

Hola, no habia leido aun este otro blog tuyo, es sobre libros, poesias.. que lees? sobre entrevistas a tus autores favoritos??
De Gabriel G. Marquez me lei: Cien años de soledad.. mucha gente dice no poder terminarlo, pero lohice y cuando mas me adentraba en su lectura mas me gustaba. Tengo pendiente .. el otoño del patriarca... espero me guste y sace algo bueno de él.

Trenzas dijo...

Pepa: Hola y bienvenida a la obsesión por la literatura :)
Sí, este blog trata sobre lo que leo o he leído y me apetecía mucho compartir. Las entrevistas, sólo cuando puedo pillarlas en la red, porque no soy tan afortunada como para poder hablar con los autores. Alguna vez, algún correo pero más bien dirigido a mi página de Poetas que aquí.
Si miras en los enlaces de "Más Trenzas en la red", verás en todo lo que me entretengo :)
"Cien años de soledad" es así como lo percibiste; cuanto más avanzas más te gusta. "El otoño del patriarca" es muy diferente, pero creo que también te gustará.
Un gran escritor éste, sin duda.
Si te gusta leer, aquí encontraras muchos autores, muy diferentes, y fragmento de texto que pueden orientarte sobre aquellos que no conozcas. El comentario es sólo mi impresión personal, no una crítica literaria. Y nunca digo como se acaba :)
Abrazos fuertes, amiga.

Pilar M Clares dijo...

Ay, Trenzas, que después de leer al maestro da ganas de escribir algo, parece tan fácil.
Tiene G. Márquez ese poder, el de hablar con sencillez de lo más complicado.
Tuve la suerte de que me diera clase un año de narrativa un crítico muy tradicional, pero bien sabio, Don(don será siempre) Mariano Vaquero, y hablaba de un hilo narrativo sostenido en el cuento, y dilatado en la novela. La verdad es que lo que decía era de cajón, además de que no fue mcuho más allá, también murió joven. Pero sí es verdad que toda las contraposiciones del cuento frente a artículos, historias en verso, novelas cortas, etc. me hicieron pensar bastante en aquel primer curso de carrera y, además, el gozo de verlo en su pulcritud detallando diferencias, leyendo...pues me he puesto nostálgica, querida amiga. Y encima, me quedo el texto para usarlo en clase.
Marni la ladrona te envía besos en tarde de lluvia y recuerdos.

Trenzas dijo...

Pilar M. Clares: Esa difícil facilidad que parecen tener los maestros, sí.
Siempre hay mucho que aprender, pero no hay duda de que son los buenos enseñantes quienes logran meter el gusanillo en el cuerpo; para escribir sobre todo, porque escribir es enfrentarse a uno mismo. Es un deporte solitario :)

Me alegra que te sirva; aunque no está completo el artículo, no falta nada esencial.
Nostalgias de días lluviosos...
Un abrazo bien fuerte, Pilar.