01 abril 2009

Anaïs Nin

Diarios. Tomo VI, de 1955 a 1966
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Otoño de 1962
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Oliver Evans vino a dar clases en el San Fernando State College. Como mi casa es difícil de encontrar, quedamos citados en el supermercado. Un extraño encuentro. No tiene amigos aquí así que empecé a presentarle a gente, a Christopher Isherwood y otros.
Está realizando un estudio sobre Carson McCullers. Después de que saliera su ensayo sobre mí en The Prairie Schooner, le preguntaron sí quería hacer un estudio sobre mi obra. Él aceptó la propuesta.
Es un cocinero refinado y diestro, y sus cenas eran todo un banquete.
Pero tuvo dificultades a la hora de fusionar a la gente académica con sus amigos los escritores. En una de sus veladas todos los profesores se sentaron en hilera en un sofá, y los escritores en otro sofá (Christopher Isherwood, Don Bachardy, Gavin Lambert, etc.) Había una barrera cómica, casi visible. No les impresionó su larga amistad con Tennessee Williams.
Oliver era un gastrónomo a la hora de cocinar. El día antes de una cena importante, encontró caracoles en el mercado. Habían viajado desde Noruega sobre hielo; no estaban muertos, sino congelados. Le aconsejaron que se los llevara a casa, los dejara en un poco de agua, y le dijeron que al día siguiente estarían descongelados y vivos, a punto de cocinar. Oliver siguió las instrucciones. Los colocó con un poco de agua en el fregadero de su cocina y se fue a la cama. A la mañana siguiente se encontró con que los caracoles no sólo se habían descongelado y estaban vivos, ¡sino que además corrían por todas partes (a paso de caracol) ! Habían salido del fregadero, se habían subido a las cortinas, a las ventanas, por encima de la nevera, de la cocina, por el linóleo, por las baldosas, la tostadora, las cazuelas y los platos. A la luz del sol tenían un aspecto iridiscente, festivo. Al ver cómo se divertían, no tuvo valor para cocinarlos. Yo pensé que un hombre tan compasivo podría escribir un estudio lleno de sensibilidad sobre mi trabajo. Y desde aquel momento, me fié de él.
Vino a menudo con su magnetófono. Me opuse un poco a la idea de que yo hiciera mi propia interpretación de House of Incest. A mí me parecía que debía hacerla él. Gide siempre repetía que la interpretación pertenece a los demás.
Se tardó mucho tiempo. Oliver tiene que dar clases, tiene que terminar el libro sobre Carson. En una ocasión me llevé toda una lista de preguntas para hacerle a Carson McCullers por teléfono desde Nueva York. Estaba en algún lugar del campo. Tenía la voz lastimera y parecía muy sola; me pidió que fuera a verla, pero me fue imposible entonces y luego, cuando murió, me dolió no haber ido. Siempre recordaré lo mucho que me impresionó Reflejos en un Ojo Dorado en la década de los cuarenta. Entonces no tenía más que veintiocho años. A pesar de la visible influencia de D. H. Lawrence, era un libro obsesionante.
Había algo más en Oliver que me hacía esperar una gran comprensión respecto a mí; era poeta. Escribió un libro encantador sobre Nueva Orleans. Había convivido con escritores y no era ostensiblemente académico.
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Comentario: Para aquellos que no conozcáis a esta escritora, os recomiendo leer antes la reseña biográfica en este enlace de la Wiki: http://es.wikipedia.org/wiki/Anais_Nin
La suya fue una vida turbulenta y, en cierto modo, escandalosa. Y lo de "en cierto modo" lo digo porque siempre hay un tiempo y un lugar para la inocencia, que podemos perder por muchas circunstancias de las que no tenemos la culpa; no hemos originado el pecado; sólo nos hemos abandonado a él, o nos hemos dejado arrastrar por él. Lo que tienen estos Diarios de maravilloso, es que cada página nos cuenta una historia y en este tomo, cuando ya Anaïs estaba instalada en otra forma de vida, no hay apenas nada de aquel torbellino en el que cabalgó tanto tiempo y el relato de sus vivencias se convierte en una delicia. Aún hay otro tomo posterior, que nunca he conseguido y vale decir, que su obra póstuma "Delta de Venus" es también una de las novelas más descarnadamente erótico-pornográficas que nunca haya leído de un escritor de renombre universal.
Los Diarios de Anaïs Nin, son un modelo a seguir para aquellos que desean tener una fuente de recuerdos de los que echar mano para escribir otras historias. Ella empezó a los 11 años, así que nunca le debió faltar material :)
La dejo en la etiqueta Norteamérica, porque allí fue donde empezó su carrera literaria, pero nació en París.

9 comentarios:

Mar dijo...

Maravillosa entrada, mujer.
Con tu permiso me la guardo en mi carpeta "textos de otros blogs".

Y hago al revés lo de la reseña, porque ya la tenía en mí.

Pero la sigo.

Un beso enorme

fractal dijo...

¡Que divertida anécdota de los caracoles! Yo tampoco tengo valor para cocinarlos caracoles... aunque me gusta comerlos.

Reflejos en un ojo Dorado es un relato impresionante; Carson McCullers decía en Iluminación y Fulgor: "todo lo que escribo me ha sucedido; o me sucederá". Y esto me parece que es algo muy muy inquietante, ¿o no?

Así que ser poeta induce a la comprensión...

Tomo nota, creo que me conviene leer este libro.
Me gustó mucho este post y tu comentario.
Petonets!

fractal dijo...

cocinarlos caracoles... quería decir cocinarlos vivos

Trenzas dijo...

Mar: Adelante, está a disposición y de eso se trata; de que os guardéis lo que os interese.
A Nin la editó una editorial que aquí ya no existe, y los Diarios se dieron a la imprenta después del éxito de "Delta de Venus"
El tirón del porno nos dejó conocer, por fin, esa otra faceta tan estupenda y rica de su vida. Ahora estoy intentando averigüar si es posible volver a hacerme con la colección de sus diarios. Hay que decir que están algo expurgados, en razón de que algunas personas que nombra, aún viven, o vivían en el momento de su edición.
Un abrazo grande, preciosa.

Trenzas dijo...

Fractal: También me gustan los caracoles y tampoco tengo valor para cocinarlos. Aquí, en las macetas, alguna vez aparece alguno, de esos enroscaditos y a pesar de que sueleb comerse alguna que otra hoja de las plantas, los dejo tranquilos, porque me gusta verlos arrastrar su casita entre las hojas. Creo que me dan un poco de envidia :)
La frase de McCullers, impresionante ¡ya lo creo...! Y si lo piensas bien, todo lo que escribimos "nos sucede" porque está en nosotros. No importa si fue real, físicamente hablando; lo es en nuestra mente y eso basta para otorgarle una vida plena.
Yo creo que sí; que ser poeta predispone a la comprensión, porque el poeta entiende las palabras de una manera diferente al prosista. Y en el caso del ensayo que iba a escribir Oliver, sobre el incesto de Anaïs con su padre, supongo que era necesario "deslizarse" sobre el tema de la forma en que lo haría un poeta.
Me imagino, porque saberlo, no lo sé :)
Moltes abraçades, maca.

Pilar dijo...

Bonita esa imagen de la recuperación de la vida, y esperanzadora como los sueños.

Besicos, amiga

Franki dijo...

aunque conozco a Nin, nunca lei nada de ella y eso que me llamo la atención, como siempre, me ayudas a rozar la piel del mundo literario :). Es una gozada leerte :).
Yo tambien me como los caracoles, son buenísimos, pero soy incapaz de matarlos, por mi patio van como pedro por su casa.
Molts petons i abraçadas, amiga
Franki

Trenzas dijo...

Pilar: No debería sorprendernos sabiendo lo resistentes que son los caracoles, pero tal y cómo está contada, parece algo que sólo habría podido suceder en esa circunstancia concreta :)
Es una imagen esperanzadora, sí.
Besos fuertes, amiga.

Trenzas dijo...

Franki: Somos todos unos sentimentales en este blog :D
Y me parece la mar de bien.
Durante los años que viví en la provincia de Lérida, comí bastantes caracoles, pero nunca los cociné. Allí es como una tradición muy arraigada comer caracoles en cualquier ocasión festiva, como por aquí los calçots. Y también tienen su temporada alta, claro está :)
En las bibliotecas hay material suficiente de Nin, aunque en la de aquí no están los volúmenes de sus Diarios. Me va a costar mucho encontrarlos a menos que algún editor se plantee su reedición :(
Moltes abraçades , amic meu