14 abril 2009

Juan José Millás

El Mundo
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Páginas 1 y 2
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Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina. Los reparaba, los inventaba, los deducía de publicaciones norteamericanas. No sabía inglés, pero era capaz de interpretar un esquema, un plano o un circuito con la facilidad con la que otros leen un síntoma. Por su taller pasaron aparatos de rayos X y pulmones de acero con los que mis hermanos y yo jugábamos, no siempre a los médicos. Entre los ingenios que más me impresionaron, recuerdo un aspirador de sangre perteneciente a la época anterior al bisturí eléctrico, cuando las heridas abiertas por el cirujano se inundaban, impidiendo la visión del órgano a operar. El aspirador dejaba la herida limpia en cuestión de segundos. La sangre se recogía en un recipiente de cristal de boca ancha, como los de las aceitunas a granel; probablemente fuera un frasco de aceitunas, pues en casa no se tiraba nada. Los tapones de los tubos de la pasta de dientes servían, por ejemplo, como mandos para los aparatos de radio. Más tarde, con la aparición del bisturí eléctrico, que cauterizaba la herida al tiempo de infligirla, los aspiradores, creo, pasaron a la historia.
Mi padre presumía de haber sido el primero en fabricar un bisturí eléctrico en España, aunque seguramente tomó la idea de una publicación extranjera. Recuerdo haberle visto inclinado sobre la mesa del taller, efectuando cortes en un filete de vaca, asombrado por la precisión y la limpieza del tajo. No olvidaré nunca el momento en el que se volvió hacia mí, que le observaba un poco asustado, para pronunciar aquella frase fundacional:
-Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento de producirla.
Cuando escribo a mano, sobre un cuaderno, como ahora, creo que me parezco un poco a mi padre en el acto de probar el bisturí eléctrico, pues la escritura abre y cauteriza al mismo tiempo las heridas.
Mamá no tardaría en prohibirle desperdiciar los filetes de carne en aquellos ensayos. Empezó a trabajar entonces sobre rodajas de patatas, pero se cansó enseguida. Nada como la textura de la carne, excepto, añado yo, la textura de la página.
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Comentario: La contraportada de esta novela es del mismo Millás y así cuenta como nació esta novela:
"Hay libros que forman parte de un plan y libros que, al modo del automóvil que se salta un semáforo, se cruzan violentamente en tu existencia. Éste es de los que se saltan el semáforo. Me habían encargado un reportaje sobre mí mismo, de modo que comencé a seguirme para estudiar mis hábitos. En ésas, un día me dije: "Mi padre tenía un taller de aparatos de electromedicina." Entonces se me apareció el taller, conmigo y con mi padre dentro. Él estaba probando un bisturí eléctrico sobre un filete de vaca. De súbito, me dijo: "Fíjate, Juanjo, cauteriza la herida en el momento de producirla."
Comprendí que la escritura, como el bisturí de mi padre, cicatrizaba las heridas en el instante de abrirlas e intuí por qué era escritor. No fui capaz de hacer el reportaje: acababa de ser arrollado por una novela"
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Algo más de 200 páginas de puro disfrute, en un paseo de varias direcciones temporales en la vida (o no) de Millás. Redimió, al ganarlo, el premio Planeta 2007, y mereció el Premio Nacional de Narrativa 2008. Y para aquellos que, de vez en cuando, nos sentimos mordidos por la escritura, un estímulo maravilloso.

10 comentarios:

Franki dijo...

Como siempre, es un placer leer los fragmentos que nos colocas en bandeja, pero ademas resulta que le estoy cogiendo el gusto al comentario
una abraçada molt forta

fractal dijo...

Más gráfico imposible: el sentido de la escritura figurado en ese bisturí, que abre y cierra heridas a un mismo tiempo. Me parece acertadísima la explicación. O comparación.
Todo esto me recuerda un poema visual de A. Txopitea, Mina rota, que sugería algo en esta línea de pensamiento.

Y en cuanto a la irrupción de las novelas. Es graciosa la manera de decirlo de Millás: arrollado.
Y así es algunas veces, cuando llegan ideas con el propósito de convertirse en texto "ya". Y lo logran simepre. Impositivas ellas. Sabedoras de su poder en el proceso creativo.

Cuida't!

Trenzas dijo...

Franki: En este fragmento ya hay mucho de la novela. Es de esos libros que enseguida te ponen en buena disposición para leerlos y, normalmente no defraudan.
Yo le cojo el gusto a vuestros comentarios :)
Unas quantes abraçades, ben fortes.

Trenzas dijo...

Fractal: Ya sabía yo que te iba a gustar la analogía :)
Y dice bien; arrollado; sin posibilidad de esquivar el encontronazo. Y es bueno, porque cuando una idea "puede" con nosotros, siempre sale algo que vale la pena.
Lo que me gustaría saber, y no dice claramente, es cuánta parte de la novela es autobiográfica, pero supongo que es mucho pedir :)
Moltes abraçades, nena.

Carol dijo...

¡Vaya! Parece buen libro :) Creo que lo leere pronto.

MentesSueltas dijo...

Hola Trenzas, pasaba a saludarte, espero estes bien.
Mi abrazo de siempre, con todo mi cariño.

MentesSueltas

Pilar dijo...

Me encantó, amiga, todo el sabor de esa infancia, ese padre misterioso inventor, el bisturí cauterizador!!!, algo me rtecordó las buenas películas de Fellini, la oscuridad de esos años de calcetines rotos y trajes vueltos. La historia del amigo enfermo??? hermosa!


Muchos besos, un placer siempre.

Trenzas dijo...

Carol: Pues sí que lo es, sí.
Y algo importante es que se lee en un decir "¡Jesús!"
Me alegra verte, niña.
Un abrazo.

Trenzas dijo...

Mentes Sueltas: Hola, amigo fiel :)
Muchas gracias por tus visitas y por tus buenos deseos.
Siempre es un gusto verte aparecer.
Un abrazo fuerte.

Trenzas dijo...

Pilar: Es verdad; es como una novela en blanco y negro :)
La historia del amigo enfermo, el "Vitaminas" es de una ternura y una lucidez sólo posible si se ha vivido, al menos, en su mayor parte. Yo tuve una amiga con esa misma enfermedad que describe, que también murió adolescente y la vi retratada tan fielmente que se me saltaron las lágrimas.
Grande, este Millás. :)
Abrazos fuertes, mujer.