01 junio 2009

Natalia Ginzburg

Léxico familiar
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Cuando yo era pequeña y vivía en casa de mis padres, si mis hermanos o yo volcábamos un vaso encima del mantel o se nos caía un cuchillo, mi padre tronaba: "¡No hagáis groserías!"
Si mojábamos el pan en la salsa, gritaba: "¡No rebañéis los platos! ¡No hagáis mejunjes!"
Los cuadros modernos también eran, según mi padre, cochinadas y mejunjes; no los podía soportar.
Y decía: "Si fueráis a una tablehôte de Inglaterra, os echarían enseguida por hacer cochinadas"
Tenía en gran estima a Inglaterra. Consideraba que era el mayor ejemplo de civilización del mundo.
Durante las comidas solía hablar de las personas que había visto ese día; era muy severo en sus juicios y todo el mundo le parecía estúpido. Para él, un estúpido era "un simple". "Me ha parecido un grandísimo simple", decía de alguien a quien acababa de conocer. Además de los "simples", estaban los "palurdos". Para mi padre los "palurdos" eran las personas que se comportaban ruda y tímidamente, las que se vestían de forma inapropiada, las que no sabían montañismo y las que no sabían idiomas.
Llamaba "palurdez" a cada acto o gesto nuestro que juzgaba fuera de tono. "¡No seáis palurdos! ¡No hagáis palurdeces!", nos gritaba continuamente. La gama de las palurdeces era muy amplia. Llamaba "palurdez" a ir con zapatos de ciudad a las excursiones al monte, a entablar conversación en el tren o por la calle, con un compañero de viaje o con un transeúnte, a hablar con los vecinos desde la ventana, a quitarse los zapatos en el salón y calentarse los pies en el radiador, a quejarse de sed, de cansancio o rozaduras en los pies durante las excursiones y a llevar a ellas comidas grasientas y servilletas para limpiarse los dedos.
A las excursiones sólo se podía llevar un determinado tipo de alimentos: queso, mermelada, peras y huevos duros, y sólo se podía tomar el té que él mismo preparaba en el hornillo de gas. Inclinaba sobre éste su cabeza absorta con el pelo rojo cortado a cepillo y protegía la llama del viento con su chaqueta de lana color hollín, chamuscada y pelada por la zona de los bolsillos; todas las vacaciones llevaba la misma.
No permitía que nos lleváramos coñac ni terrones de azúcar a las excursiones, porque decía que eran "cosas de palurdos", y no nos podíamos parar a merendar en los chiringuitos porque era una palurdez. También era una palurdez ponerse un pañuelo o un sombrero de paja para que no nos diera el sol en la cabeza, cubrirnos con impermeables con capucha cuando llovía y anudarnos bufandas al cuello. Todas estas protecciones eran muy importantes para mi madre, y todas las mañanas, antes de salir de excursión, las metía en la mochila, pero mi padre, nada más verlas, las volvía a sacar encolerizado.
Nosotros con nuestros zapatos de clavos duros y pesados como el plomo, medias de lana, pasamontañas, gafas para el hielo sobre la frente, y el sol cayendo a plomo sobre nuestras sudorosas cabezas, mirábamos con envidia a los "palurdos", que subían, ligeros, en zapatillas de tenis, o se sentaban a tomar nata en los chiringuitos.
[...]
Mi hermano Gino era su predilecto, pues le daba gusto en todo: le interesaba la historia natural, coleccionaba insectos, cristales y minerales, y además, era muy estudioso. Después se matriculó en ingeniería, y cuando volvía a casa después de algún examen diciendo que había sacado un diez, mi padre le preguntaba: "¿Cómo es que has sacado un diez? ¿Cómo no has sacado diez y matrícula de honor?".
Y si había sacado diez y matrícula de honor, mi padre decía:
"¡Bah!, era un examen muy fácil"
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Nota de la autora: "Todos los lugares, hechos y personas que aparecen en este libro son reales. [...]Hasta los nombres son reales. Al escribir, sentía tan profunda intolerancia por cualquier invención, que no he podido cambiar los nombres verdaderos. Me han parecido inseparables de las personas que los llevan. [...] Sólo he escrito lo que recordaba. Por eso, quien intente leerlo como si fuera una crónica, encontrará grandes lagunas. Y es que este libro, aunque haya sido extraído de la realidad debe leerse como una novela, es decir, sin pedir más, ni menos tampoco, de lo que una novela puede ofrecer. También he omitido muchas de las cosas que recordaba, sobre todo de las que me atañían directamente. Esta no es mi historia, sino (incluso con vacíos y lagunas) la de mi familia [...] Los libros que se basan en la realidad con frecuencia son sólo pequeños atisbos y fragmentos de cuanto vivimos y oímos."
Comentario: Al final del volumen hay un glosario sobre los acontecimientos, situaciones y nombres propios que la autora utiliza a lo largo del libro. En él podemos reconocer a muchas personas que fueron notables, a lo largo de los años en que transcurre la acción y después de ella, en la intelectualidad y política italianas, con especial incidencia en el periodo fascista. No es, en absoluto, una novela sentimental. La autora toma una larga distancia de los acontecimientos que relata, pero no por ello pierde fuerza, al contrario. Y provoca una cierta ternura en el lector, que puede verse retratado en ese léxico y maneras de hacer las cosas de su propia familia y entorno. Al menos, a mí me ha pasado.
La autora: No muy conocida aquí, es una escritora de renombre, tanto de novelas cómo de obras teatrales. Aquí la tenéis:

12 comentarios:

fractal dijo...

Uy! ¿Qué diría, ese hombre, de la tortilla de patatas líquida servida en copa, al más puro estilo Ferrán Adriá?

Feliz regreso, colega.

Elèna Casero dijo...

Vamos regresando, será el calor.

No he leído nada de esta autora. pero me alegro de que la traigas.
Un beso,

Franki dijo...

mañana, te leo, tengo prisa para ir a dormir, mañana estoy de pruebas y tengo que madrugar:)
Una abrçada molt forta

Trenzas dijo...

Fractal: Diría que son cochinadas y mejunjes :)
Y me siento tentada a estar de acuerdo. Clásica que es una :)
Gracias...! A ver si ya cojo el buen camino de la asistencia regular de una vez.
Abraçades, bonica.

Trenzas dijo...

Elena: Al menos, el tiempo estable sí tiene algo que ver, me parece :)
No se puede leer todo, pero esta es una buena propuesta para aquellos a los que nos tienta regresar a los recuerdos. Como a ti, por ejemplo :)
Petons, reineta.

Trenzas dijo...

Franki: Esto abre 24 horas al día :)
Que no te canses mucho...!
Moltes abraçades, estimat Franki

Franki dijo...

Menudo padre, ese personaje me suena, para mi son padres castradores. Bueno supongo que no te extrañara que te diga "esta escritora no la conocía":))).Te prometo que un día leeré un libro entero, aunque sea pequeñito:)Seras la primera en saberlo:)
Una abraçada ben forta amiga meva

Trenzas dijo...

Franki: A lo largo del libro le vas tomando simpatía a este padre "tonante" pero bastante inofensivo :)
Claro que la percepción que de él debieron tener los hijos mientras eran pequeños, era otra :)
Tú ya lees todo lo que necesitas leer. No hay más que acercarse a tu blog para saberlo. No todo lo que se escribe está en las letras.
Moltes abraçades, amic meu

Mar dijo...

Soberbia en la descripción. Gracias por compartirla y por tus notas.

Ahora... el pan en la salsa es sagrado!
Palurdeces de una...

;-)

Un carro de besos y manzanas, mujer preciosa.

Trenzas dijo...

Mar: Estoy de acuerdo: ¡completamente sagrado...! Caso contrario ¿para qué servirían las salsas?
:)
Mar, preciosa, me cuesta un mundo entrar a comentar en "Letra deriva"
En cuanto se abre, sale una pantalla que dice que la "página web expiró" o que"ha encontrado un fallo y debe cerrarse" y ¡plaf...! me tira fuera del blog.
De cada diez veces que voy, una me deja. Ahora voy a intentarlo con los otros blogs tuyos, a ver...
Un abrazo bien grande y muchas manzanas, mujer estupenda.

Pilar dijo...

El caso es que es de esas escritoras que en algún momento he pensado leer, pero no le he hecho, es más, la acabo de recirdar. Y apetece. Me gustan las novelas autobiográficas, al margen de los datos que, como sabemos, cuanto más reales menos certeros son. Me fío más de la literatura.

(amiga: ¿una cabra???? jajaajajaja, ay, no se me va de la cabeza jajaajaja, explica eso, por favorrr, me encantaaa)

Besazos hermosidad

Trenzas dijo...

Pilar: Pues es posible que sea verdad lo que dices de que cuanto más reales menos certeros los datos. No creo que ningún escritor pueda obviar una buena parte de subjetividad :)

Lo de la cabra; bueno, es mi alter ego, como puedes imaginar :DDD
Resulta muy difícil tener una cabra real en un piso, pero una virtual, si nos lo podemos permitir. Tiene una base auténtica no obstante. Mira en estas etiquetas
http://unacartaparati.blogspot.com/search/label/Mi%20cabra%20Agata
¡Que la disfrutes...!
Un besazo, preciosa.