03 marzo 2008

Markus Zusak

La Ladrona de Libros
----------
Fragmentos de las páginas 136 y 137
---------------------
-Jesús, María...
Lo dijo en voz alta, las palabras se derramaron por la habitación llena de libros y frío. ¡Libros por todas partes! No había pared que no estuviera forrada de abarrotadas e impecables estanterías. Apenas se veía la pintura. Las letras impresas en los lomos de los libros negros, rojos, grises, de cualquier color, eran de todos los tamaños y estilos imaginables. Era una de las cosas más bellas que Liesel Meminger había visto nunca.
Sonrió, maravillada.
¡Cómo podía existir una habitación así!
De hecho, cuando intentó borrar la sonrisa de su cara con la manga, enseguida se dio cuenta de que era inútil. Notó los ojos de la mujer sobre su cuerpo. Cuando se volvió hacia ella, se habían detenido a descansar en su rostro.
Reinaba un silencio más profundo del que creía posible, un silencio que se extendía como una goma elástica que ansiaba romperse. La niña la rompió.
-¿Puedo?
La palabra esperó, rodeada de un espacio inmenso de madera. Los libros estaban a kilómetros de distancia.
La mujer asintió.
-Claro que puedes.
Poco a poco, la estancia empezó a encogerse hasta que la ladrona de libros pudo tocar las estanterías, a unos pocos pasos de ella. Pasó la palma de la mano por la primera, atenta al rumor de las yemas de los dedos deslizándose sobre la columna vertebral de los libros. Sonaba como un instrumento o como las notas de unos pies a la carrera. Utilizó ambas manos. Recorrieron una estantería tras otra. Y rió. La voz resonó en su garganta, y cuando al fin se detuvo en medio de la habitación, pasó varios minutos dirigiendo la mirada de las estanterías a sus dedos y de estos a las estanterías.
¿Cuántos libros había tocado?
¿Cuántos había sentido?
-----------------------------------------------
Comentario personal. Me dijeron, y había leído alguna crítica en el mismo sentido, que era una pesadez de libro; le di una ojeada por curiosidad y salí como una exhalación a comprarlo. Y menos mal que lo encontré a la primera :)
Teniendo en cuenta el panorama actual de publicaciones en el apartado de novela, y comparada con éxitos tan apabullantes como el de "La Catedral del Mar", por ejemplo, no veo razón alguna para desmerecerla. Seguramente no es una obra para la inmortalidad, pero sus más de quinientas páginas, se leen sin que se rompa el ritmo narrativo y sin que lo trágico de la situación se convierta en un folletín lacrimógeno lleno de situaciones forzadas.
Otra vez, como en el cuento de Clarice Lispector que ya dejé aquí, la fascinación que ejercen los libros, el hecho de tenerlos entre las manos, acariciarlos, demorarse entre sus páginas, desearlos como si se tratara del oro del Perú, el ansia por desentrañar los misterios que se esconden en las palabras que contienen, consigue que la vida tenga un objetivo, más allá de las miserias, físicas o morales, que les toca vivir a los personajes.
O que nos toca vivir, porque también nosotros somos, o podríamos ser, exactamente igual. Aferrados a la palabra impresa como a un clavo ardiendo.

8 comentarios:

FRAC dijo...

Y con ese clavo ardiendo estampamos en palabras todo aquello que nos supera, dispara, frena o aniquila queriendo ser, igual que Amos Oz, libro. Y así, intentamos continuar. Con nuestros tatuajes a cuestas.

¿Detalla Markus Zusak que la biblioteca de esa habitación que describe es una circunferencia de radio infinito?
.

Trenzas dijo...

Frac: Pues sí. No hay efecto sin causa :)
También es aplicable aquello de "cada loco con su tema" porque casi no cabe otra opción que calificar de locura algunas pasiones, aunque sean tan blancas como ésta de leer.
Por cierto que, si bien no he tenido tiempo para casi nada, sí que he leído un montón de libros nuevos que ya iremos comentando.
No detalla nada, pero queda sobreentendido, ya que cuando la ladrona roba sus primeros libros, ni siquiera sabe leer aún :)
Clavo ardiendo, sin duda.
Abraçades, nena

Imagine Photographers dijo...

Aunque he sido y soy un pésimo lector,siempre me han fascinado los libros y me pasado muchas horas mirandolos com si intentara captar toda la vida que llevan dentro...pero no ha sido así:(
Ah! encontre el librito que un dia te comente "el fugitivo" y si que es de Ramón J. Sender
Petonets
franki

Trenzas dijo...

Creo que existen muchas lecturas alternativas a la letra impresa. Los libros no empezaron como ahora los conocemos y no serán igual en el futuro. Un libro empieza cuando alguien comparte con otros lo que sabe, lo que siente, lo que le ha sucedido.
Hace miles de años, nuestros ancestros, escribieron libros en las paredes de sus cuevas. Libros que otros entendían mucho mejor que nosotros los entendemos ahora. Hablaban de animales y cacerías y, tal vez, eran lecciones acerca de cómo y dónde clavar una lanza para conseguir la pieza deseada.
Y algunos autores los firmaron, poniendo su mano, impregnada de pintura, en la misma pared.
¡Fascinante historia!
Tú lees y escribes muchos libros con tus fotografías :)
En cuanto a Sender, pues tenías razón. No conocía esa obra suya, ni está, seguramente por lo que comentamos en su momento, entre las obras completas que tengo, que no son tan completas como parecían :)
Molts petons, estimats amics...!

yole dijo...

¡Qué voy a hacer contigo!
¡¿no te das cuenta de que ahora no tengo más remedio que poner ese libro en mis estanterías, y casi ya no me caben más?!

¡Te repeinaré por eso! Que sí...Besos.

Trenzas dijo...

Yole: :)
Pues nada, chico; seguir comprando estanterías y colocándolas en cada cm. de pared. Así hago yo :DD
Y está la opción "pedir prestado en la biblioteca"
Vale; me hace falta. No me quejaré del repeinado.
Una docenilla de besos, peluquero

Escriptorum54 dijo...

¡hala, ya estoy aquí!
me enfrenté al libro a sabiendas de que no era excepcional pero, a pesar de ello, no me ha defraudado porque no esperaba casi nada.

Se lee muy bien. Me gusta el papel de la narradora, es "especial". Incluso, muchas veces, tiene un tono tristón, melancólico, doloroso que te sorprende.

Lo compré porque una ladrona de libros nunca puede ser mala, todo lo contrario, es una persona con afán de saber, de conocer.

Es sencillo y cruel. Tierno y despiadado en algunos fragmentos: los jóvenes nazis. Los judíos paseando por las calles.

En fin, a mí me gustó.

Un fuerte abrazo, querida reineta

Trenzas dijo...

Pues lo mismo digo; que me gustó. Y lo que cuentas de la narradora, soy de tu misma opinión. Hasta parece tierna y todo, cuando deja, en algún momento de hacer su trabajo. Parece que siente hacerlo, que lamenta lo que pasa.
Compasión. Sí; a veces es un acto de compasión.
Me alegra tenerte de nuevo, reineta.