22 julio 2008

Eduardo Mendicutti

El Palomo Cojo
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Páginas 93 y 94
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A la Mary le chiflaban los reportajes de artistas de cine, pero tía Victoria sentía predilección por los ecos de sociedad, que así nos enseñó ella que se llamaban aquellas fotografías de fiestas donde todo el mundo salía elegantísimo. En aquellas fotos, tía Victoria señalaba de pronto a un señor con una pinta estupenda y decía éste es el príncipe fulano de nosequé, siempre unos nombres rebuscadísmos, y añadía, coquetona:
-Con él tuve yo un interludio.
Tía Victoria, por lo visto, había tenido montones de interludios, tantos que a mí me parecía imposible que los hubiera tenido uno detrás de otro, así que pensé que los había tenido de tres en tres o de de cuatro en cuatro, como la Mary, que cada noche tenía un interludio en la casapuerta con un novio diferente. Una tarde le pregunté a tía Victoria si todos aquellos príncipes con los que ella había tenido interludios tenían también un olor particular, un olor de familia, y de familia de postín -como aquel olor de los Calderón Lebert que tanto se notaba en el cuarto de tía Victoria- y ella me dijo que por supuesto, que de oler no se libra nadie. Lo que ocurre es que cuando se tiene un interludio el olor es siempre maravilloso, y cuando no se tiene, el olor es a veces un pestazo que no se puede aguantar. Eso me dijo.
Lo curioso de tía Victoría, conforme había ido cumpliendo añitos -siempre lo decía en diminutivo, como dando a entender que los años que ella cumplía eran más pequeños y envejecían menos que los que cumplía el resto de las señoras y gachises del mundo-, había ido eligiendo para sus interludios a señores más jóvenes y con menos empaque, pero con menos olor también, seguramente. La Mary me decía que no fuera panoli, que si tía Victoria los prefería cada vez más tiernos, no era porque oliesen menos, sino porque empujaban mejor. Yo no sabía que tenían que ver los empujones con una cosa tan fina como los interludios de tía Victoria, y además la Mary no decía empujar sino rempujar, que aún sonaba peor y más ordinario. Pero estaba clarísimo, de todos modos, que tía Victoria en los últimos años, había tenido interludios con muchachos que podrían haber sido, según la Mary, sus nietos. El que salía retratado con ella en la última revista -que era de diciembre del año anterior-, tenía la planta de un guardiamarina y la carita de un querubín, por lo menos eso fue lo que dijo tía Victoria cuando nos lo señaló, y también nos dijo que era muy educado y cariñoso y que tenía un talento natural para alternar en sociedad, porque no era un príncipe ni nada, ni siquiera de buena familia, sólo un muchacho de origen humilde que había salido guapo y con maneras de marqués, aunque al final lo tuvo que dejar porque ella le encontraba un defecto horroroso.
-¿Qué defecto, tía Victoria - le pregunté yo, muy excitado, pensando que tendría un ojo de cristal, o una pata de palo, o algo así.
Tia Victoria me dijo:
-Tenía opiniones.
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Comentario: Felipe tiene 10 años y una anemia de la que necesita recuperarse; lo trasladan a una ciudad costera gaditana, a la casona familiar donde conocerá, no sólo a muchos de sus parientes adultos, sino a un ejército de criados y a un palomo cojo que se paseará por los balcones de la casa obedeciendo sólo a su capricho. Al palomo no le importa ninguna de las cosas que les importan a los humanos y su defecto físico no le impide ser libre. Un contrapunto necesario en este libro donde los adultos están atados por sus tradiciones, sus costumbres, sus vicios o su servidumbre. Felipe flota entre la familia que le quiere y se despreocupa, y los criados que le cuidan, sin acabar de perder de vista que es el señorito. La soledad está servida.
Pero el libro está lleno de humor y ternura. Ningún personaje nos cae mal, al contrario. Llegamos a la conclusión de que así son las cosas, porque así las vemos en la mirada de ese niño que "sabe" que, en verdad, así son las cosas y por su inevitabilidad, no pueden ser juzgadas.
El autor: Eduardo Mendicutti nació en 1948 en Sanlúcar de Barrameda. Es periodista y escritor. Ha publicado una buena cantidad de novelas y recogido, por ellas, muchos premios. Cenizas, Una mala noche la tiene cualquiera, Los novios búlgaros, El beso del cosaco y Ganas de hablar, son algunas de ellas. No esconde su homosexualidad y sus obras componen una visión ética de ese mundo, aún marginal.

13 comentarios:

frac dijo...

Interesante. Opinión sería sinónimo de criterio, ¿verdad? Siempre allanando caminos...
Es cierto que la inevitabilidad invalida todo juicio. A veces las cosas ocurren, sin más.

Ternura y humor, dos valiosos atractivos, que no abundan en literatura, ni en el día a día.

¡Besitos!

Anónimo dijo...

Tieta:jo tmbien conozco a uno guapo con aires de marques,con una diferencia,este no opina,este obliga!!!Interesante fragmento!!!un besitooooooooooooooooooooooooooooooooooooo

yole dijo...

Es una delicia "pasear" por los caminos de las letras que regalas...
Un beso, dos, tres...

Trenzas dijo...

Frac: Es el libro que más me ha gustado de Mendicutti, de los tres o cuatro que he leído. La galería de personajes es fantástica, así como las reflexiones que plantea alrededor de los mismos; como ésta tía Victoria, que no desea gigolós con criterio, en gran medida porque esa no es la función de un gigoló. Todo va bien mientras cada uno asuma su papel; un drama que interpretan para ellos mismos, aunque todos saben quien es quien fuera del escenario.
"Tan sols ho sembli, no cal que sigui"
Todo se disuelve en una hipocresía que, por inevitable, parece del todo inocente.
Petonets, reineta.

Trenzas dijo...

Anonimos; ¡Hola neboda...!
Pero contigo no va a poder :)
Hay un precedente en la familia, pero como murió joven, no podemos saber a qué cotas habría llegado en guapura y mandato. Este de ahora, lo miraba como a un ídolo.
:)
¿Te suena una Carmencita de Madrid?
La hija del ídolo.
Molts de petonets per a tots, bonica.

Trenzas dijo...

Yole; también es un regalo disfrutar del paseo en vuestra compañía.
Voy a ver como están tus sirenas.
Una docena de besos, peluquero

Anónimo dijo...

Tieta:sé de quien hablas!!!!!

Trenzas dijo...

Anónimo nebodeta: ¿Encara es el seu ídol...? ¿En parla...?
:)
No sé si quedará alguna foto de él. Quizás David tenga alguna que pudo quedar entre las de la tieta Cary.
Realmente era guapísimo; muy alto, con el pelo rizado y unos ojos azules impresionantes; grandes y bonitos con largas pestañas, y unas manos de pianista. Un porte muy elegante también.
El Rey del No Dar Golpe, y un auténtico tirano.
:DDD
Molts petons a tots, bonica.

Elèna Casero dijo...

El palomo cojo me gustó, es irónico, irreverente, simpático.
Estuve en la presentacion del libro en València, en la libreria de tema homosexual que tenían unos amigos, la tuvieron que cerrar. Mendicutti es un tipo estupendo.

Sin embargo, la del cosaco me pareció excesiva en la temática.

Petonets, reineta

Imagine Photographers dijo...

Aunque lo conozco de oidas, no he leido nada de el, pero a juzgar por el trocito que nos has colocado aquí es interesante y tiene mucha miga, escrita con gracia y finura.
Mols petonets bonica:)

Trenzas dijo...

Elena: De acuerdo contigo en lo del Cosaco. Me pareció excesiva y no solo en la temática; también algunos personajes lo eran y en comparación con otras obras suyas, de muy inferior calidad. O mucho menos cuidada.
Ya intento ponerme al día, reineta.. que costa... ufff...!
Molts petonets...!

Trenzas dijo...

Imagine Frankie: Es una novela muy fivertida, apta para vacaciones y para largas esperas en estacoines, aeropuertos y similares :)
Moltissimins petons i abraçades...!

Antón Abad dijo...

Eduardo Mendicuti, Eduardo Mendicuti....No, mejor me lo apunto, porque quien escribe una página como ésta, seguramente tiene más.

Perdone otra pregunta: ¿Siente Ud. predilección por oir hablar el Italiano?...¡Ya, ya, es que me he obsesionado con recordar!