10 enero 2007

Victor Frankl II

El hombre en busca de sentido
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(fragmentos)
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Contraportada.
El doctor Frankl, psiquiatra y escritor, solía preguntar a sus pacientes aquejados de múltiples padecimientos: "¿Por qué no se suicida usted?" Y, muchas veces, de las respuestas extraía una orientación para la psicoterapia a aplicar: a éste, lo que le ata a la vida son los hijos; al otro, un talento, una habilidad sin explotar; a un tercero, quizá, sólo unos cuantos recuerdos que merece la pena rescatar del olvido. Tejer estas tenues hebras de vidas rotas en una urdimbre firme, coherente, significativa y responsable es el objetivo con que se enfrenta la Logoterapia.
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Juguete del destino.
Para una persona ajena a la vida en el lager, le resultaría incomprensible el poco valor que se le concedía a la vida humana. El prisionero ya se encontraba con el corazón endurecido, pero cada vez que se organizaba un "convoy" de enfermos se avivaba en él esa conciencia de absoluto desprecio por la vida. Los cuerpos demacrados o acartonados se tiraban sobre unas carretillas, empujadas por otros prisioneros a lo largo de varios kilómetros, a veces entre tormentas de nieve, hasta alcanzar el campo más próximo. Si algún pobre enfermo moría antes de de salir se le echaba igualmente en la carretilla, ¡porque la lista de prisioneros tenía que cuadrar! La lista era lo único importante.
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El destino, un regalo.
... Esta joven conocía su muerte cercana, cuestión de días. Con todo se encontraba serena y algo animada. Conversé con ella: "Me alegro de que el destino se haya cebado en mí con tanta dureza. En mi vida anterior fui una niña consentida y no cumplía con mis deberes espirituales" Señaló la ventana del barracón y me dijo: "Aquel árbol es el único amigo que me queda en esta soledad". Era cierto, por la ventana se acertaba a ver una rama de un castaño con dos brotes en flor. "A menudo le hablo a ese árbol", me dijo.
Yo me notaba atónito, aturdido, sin saber cómo encajar esas palabras. ¿Deliraba? ¿Sufría alucinaciones? Con algo de ansiedad le pregunté si el árbol le contestaba:
"¡Sí!
"¿Y qué le dice?" Respondió:
"Me dice: ¡Estoy aquí, estoy aquí, yo soy la vida, la vida eterna!"
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Añoranza de soledad.
... Detrás del barracón de trabajo, donde se hacinaban unos cincuenta pacientes delirantes sobre un suelo de tierra, descubrí un lugar tranquilo junto a la doble alambrada que rodeaba el campo. Allí habían improvisado una tienda con unos cuantos postes y unas ramas de árbol para guarecer a unos seis cadáveres (la media diaria de muertes en el campo).
... Cuando no eran reclamados mis servicios, aprovechaba para sentarme en cuclillas sobre el pozo y contemplar el florecer de las verdes laderas y las lejanas colinas del paisaje bávaro, enmarcado por las mallas de alambre de espino.
... Los cadáveres tendidos a mi alrededor, hormigueantes de piojos, no me perturbaban lo más mínimo.
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La pregunta por el sentido de la vida.
Lo que de verdad necesitamos es un cambio radical en nuestra actitud frente a la vida. Debemos aprender por nosotros mismos, y también enseñar a los hombres desesperados que en realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosostros.
Dejemos de interrogarnos sobre el sentido de la vida y, en cambio, pensemos en lo que la existencia nos reclama continua e incesantemente. Y respondamos no con palabras, ni con meditaciones, sino con el valor y la conducta recta y adecuada. En última instancia, vivir significa asumir la responsabilidad de encontrar la respuesta correcta a las cuestiones que la existencia nos plantea, cumplir con las obligaciones que la vida nos asigna a cada uno en cada instante particular.
... Jamás se podrá responder a las preguntas sobre el sentido de la vida con afirmaciones absolutas. "Vida" no significa algo vago o indeterminado, sino algo real y concreto, que conforma el destino de cada hombre, un destino distinto y único en cada caso singular. Ningún hombre ni ningún destino pueden compararse a otro hombre o a otro destino.
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Nosotros, espero, nunca tendremos que pasar por el horror de un campo de exterminio nazi, pero tendremos que sufrir otras tragedias en la vida. Buscarles un sentido para "poder" con ellas, no es fácil. Yo pasé la primera sesión de quimioterapia mirando una pared feísima durante tres horas seguidas y luego, me encontraba muy mal durante muchos días. No tenía fuerzas ni para mí, pero también tenía que cuidar a mi padre. No sabía dónde volver los ojos que no viera oscuridad. Pero..., a la segunda sesión de quimio me presenté con un enorme ramo de flores que las enfermeras distribuyeron en varias botellas de agua y colocaron por la sala y en casa, empecé a hacer mi web de hadas. Y así, de alguna manera, fui dueña de mi vida, al menos entre espasmo y espasmo de dolor. Como yo, tantísimas personas, como en el campo de Frankl, de lo que no pueden evitar, por doloroso que sea, intentan y, a veces consiguen, encontrar su "sentido de la vida particular"

11 comentarios:

MIB dijo...

Es admirable cuando las personas encuentran la fuerza para afrontar las circunstancias más adversas... sinceramente creo que es de las actitudes más nobles y plausibles... No me han tocado grandes sufrimientos... ni pérdidas... ni enfermedades... Creo que soy una persona con suerte en ese sentido... pero siempre me pregunté por el sentido de mi vida... probablemente de manera muy pero muy diferente a como vosotras se lo habrán planteado ante circunstancias más determinantes... pero como dice Frankl se trata de "un destino distinto y único en cada caso singular"

Un beso grande grande grande para llenar todos esos huecos de queso emmental!

Liter-3 dijo...

Impactante el post de hoy.

Las palabras de V. Frankl, perturbadoras y tiernas. Las tuyas, -aunque no descubro ahora este capítulo de tu vida, leí algo de esto en "Una carta para ti"-, además conmovedoras.
Yo siempre recordaré un techo; era lo único que podía ver en mi obligada posición horizontal.

En fin, historias que dejan huella, imposibles de desandar.

Trenzas dijo...

Mib; creo que la cosa se ve más dura cuando la piensas luego, que mientras sucede. Es ese acomodamiento ante el destino que no puedes controlar, o la determinación de que no te vencerá. Lo que no quiere decir que no pueda ganarte la partida por muy determinado que se esté a ganar. Me parece que es por ahí por donde va el pensamiento de Frankl y su Logoterapia. Lo que te ata a la vida impide que te suicides, pero nunca podrá evitar que te atropelle un coche o que se estrelle el avión en que viajas. De ahí ese "Juguete del destino" y por contrapartida ese "Regalo..."
Dos caras de una misma moneda que puedes intentar jugar mejor.
Besos grandes..!

Trenzas dijo...

liter-3; desandar no, claro, pero vale la huella que dejan. Las cosas se valoran de otro modo. O yo lo hago, no sé si todo el mundo.
En Trenzas y Rastas, dejé, pero no recuerdo si aún está, un post que se llamaba así: "Segunda sesión" y, aunque no es mi tema preferido, cuando hay que referirse a ello, no me importa
especificar. Fue curioso, porque yo salí del hospital, después de la operación, para empezar la quimio en otro lugar, y nunca los médicos pronunciaron la palabra cáncer.
Parecían creer que si algo no se nombra, no existe. Siempre era "una masa a estudiar" :DDD
Sólo uno se aventuró a decirme que yo lo superaría porque "era una mujer dura" Tuvo razón, pero no me dijo que era lo que tenía que superar.
Cómo si yo no lo supiera, dedicándome a lo que me dedico.
Cuando llegué a Oncología, para el tratamiento, no se andaron con rodeos.
"El 25% , en este estadio, se curan" No estaba mal la estadística. Ni por un momento pensé que no iba a curarme.
No tenía tiempo de morirme; ni podía porque me necesitaban mucho mis padres.
Si fuera ahora, no sé si tendría tanta fuerza.
Y aquí vuelvo a Frankl:
En realidad no importa que no esperemos nada de la vida, sino que la vida espere algo de nosotros
Abrazos y cariños

Sahndrah dijo...

Una vez un Franciscano me dijo "Dios escribe con líneas torcidas,por ello no conseguimos entender lo que nos quiere decir...pero con el tiempo se entiende",es algo que me ayuda, el pensar que hay una razón para todo, aunque no necesariamente lo acepto a la primera ni me gusta, pero no hay muchas más opciones.
Me he quedado helada al saber de tu dramático episodio, sin duda eres una persona fuerte, eres un ser especial y no por haber pasado lo que has pasado (jo,sí que cuesta nombrar el "anormal desarrollo de las células"), para dar forma con palabras a ciertos temas se debe tener una cierta sensibilidad que no todos los humanos desarrollan.
Decía Lawrence de Arabia que el destino no existe, que todos hacemos nuestro propio destino...después de arriesgadas visicitudes y peligrosos viajes murió en su país natal en un estúpido accidente.Nunca se sabe lo que la vida te depara, por mucho que los humanos tratemos de convencernos de lo contrario, pero aún así la vida está llena de cosas maravillosas.

Liter-3 dijo...

La vida! Me acuerdo ahora del testimonio de Ruth Picardie, en su libro cuando decía más o menos, "lo peor es que yo echaré de menos la vida".

Dos apuntes sobre lo que decías:

La primera referencia a tu enfermedad la leí en "Una carta para ti", en el post titulado "Música que me contaban". Allí te dejé un comentario hace tiempo.
La verdad es que me turbó bastante leerlo. En aquel momento pensé que eras una mujer muy firme, y lo sigo pensando.
Por supuesto, las valoraciones de las cosas se hacen según otras prioridades, sin duda, y diría que con especial énfasis en las más cotidianas.

Todas mis reflexiones sobre la relación médico-paciente y sistema sanitario-enfermedad tienen como resultado conclusiones un poco lamentables. El comportamiento de los médicos es un fiel reflejo del funcionamiento de la sociedad.
Lo más increíble, lo que más me confundió en todo momento durante casi ocho años fue la dificultad en decir las cosas por su nombre. Como si ya de antemano, los médicos dieran por sentado que sus pacientes son analfabetos, niños, o dementes. Y quien no ha vivido estas situacíones absurdas -en tu caso roza incluso el ridículo- no puede ni creerlas. Y sin embargo son.

Un abrazo a la vida! Un abrazo para ti!

Liter-1 dijo...

quizás un error común es esperar algo de la vida y no al contrario y, mientras esperamos, ella se va y no la vemos pasar.

No sabía nada de tu enfermedad porque no lo había leído. Tu actitud tan determinante es la señal de tu carácter.

Nunca sabemos a qué nos vamos a enfrentar, qué nos vamos a encontrar, pero de cómo seamos capaces de responder dependerá el resto de nuestros días.

Un beso

Trenzas dijo...

Sahndrah; todos somos especiales, amiga. Cada uno tendrá un valor escondido que aún no ha necesitado sacar a la luz, pero que encontrará cuando lo necesite.
Y será capaz de cosas que nunca pensó que podría hacer o soportar. Yo vi muchos ejemplos durante mi enfermedad. Pero sólo puedo hablar de mi experiencia :)
Yo tampoco creo que haya un destino predeterminado en el sentido clásico de "predeterminación" Sí que creo en que, lo que te toca vivir, se puede llegar a controlar, en parte. Siempre estará lo inevitable, pero en el resto, habrá que preguntarse si elegimos encarar o escondernos; si preferimos saber o ignorar; si queremos ser libres o esclavos de nuestras circunstancias.
No son fáciles elecciones y nunca se me ocurriría criticar a quienes prefieren no saber o dejarse llevar.
Yo nunca aprendí a nadar porque me da un miedo horrible. De pequeña, estuve a punto de ahogarme y nunca he superado ese punto de mi vida. ¡Qué le vamos a hacer...!
:)
Un abrazo grande, amiga

Trenzas dijo...

Liter-3; parece que vos también lleváis pasado lo vuestro, señora :)
Tienes mucha razón en lo que dices acerca de la relación médico-paciente y demás. Es cierto que hay una tendencia a evitar llamar a las cosas por su nombre y a decir la verdad. Pero en muchos casos, los pacientes prefieren ignorar y los médicos tampoco quieren arriesgar un diágnostico que no les hayan solicitado con insistencia y aún así...
En los campos en los que se sienten seguros, porque todas las pruebas lo confirmen hasta el cansancio, si el paciente lo solicita, puede que se arriesguen, pero con matices.
Los médicos jóvenes ya vienen con otra mentalidad y tal vez eso se deba a que la gente, en general, sabe bastante de síntomas, síndromes y etcétera.
No se conforman con un "probemos ésto, a ver que tal..."
Por otro lado, es verdad también que en Oncología, no se andan con chiquitas. Y es que a veces, una semana, puede significar la curación o la muerte. Hay que ponerse ya.
Donde yo iba a la quimio, las consultas son pequeñas y solo separadas por paneles de madera. Si no hablas en susurros, se oye casi todo de una a otra. Una vez, una señora cuando le dijeron lo que había, se puso a gritar como loca, insultando al médico, volcando las sillas.., bueno... terrible. Después de un rato, se puso a llorar tan desconsoladamente que partía el alma. La vi salir de la consulta, sostenida por su marido, porque se le doblaban las piernas.
Supongo que, algunas veces, los médicos prefieren evitar cosas así. No sé, chica...
Abrazos y caramelos de los que prefieras :)

Trenzas dijo...

Liter-1; lástima que de eso nos demos cuenta cuando ya llevamos vivida la mitad de nuestra existencia ¿verdad? :)
Tienes razón, desde luego.
Pero es así; primero, hay que pasar por cosas, adquirir experiencia, haber aprendido a valorar lo importante y a dejar pasar las nimiedades.
En frase de Gil de Biedma "haber adquirido el don de la sonrisa"
Para lo que es necesario llevar unos cuantos años a cuestas :DDD
Abrazos y cariños

fractal-para-cual dijo...

Compleja y azarosa vida... nos asustó un poco y luego nos dio una prórroga. Que bien!

Mis caramelitos preferidos son redondos, como canicas, jeje... y lo digo porque empecé a leer el libro de Joffo: lo disfruto muchísimo muchísimo.
Conocía a los Durell. De Salustio no sabía nada de nada. ¿Quien es?

Buen fin de semana!